¿Por qué en Scientology todo está protegido por los derechos de autor y las marcas registradas?

¿POR QUÉ EN SCIENTOLOGY TODO ESTÁ PROTEGIDO POR LOS DERECHOS DE AUTOR Y LAS MARCAS REGISTRADAS?

Cada gran religión desea conservar las palabras habladas y escritas de su fundador. Como Scientology nació en una era moderna, los manuscritos y grabaciones del fundador existen y son verificables. De aquí, la Iglesia ha sido capaz de preservar el legado de L. Ronald Hubbard y se asegura de que la religión permanezca pura respecto a sus enseñanzas originales para siempre.

La intención del Sr. Hubbard fue que las escrituras de Scientology no sólo permanecieran sin adulterarse, sino que siempre permanecieran dentro del ámbito de la Iglesia. Además, como él también desarrolló y codificó los materiales que dirigen la administración de las Iglesias, estas obras fueron preservadas y protegidas de forma similar.

Scientology y Dianética son tecnologías que funcionan si se aplican de manera exacta. Si se alteraran, los resultados no serían uniformes.

Para salvaguardar las escrituras y asegurar que estas nunca serán alteradas o mal usadas, el Sr. Hubbard protegió con derechos de autor todos los materiales de la religión. Mientras que para garantizar que Dianética y Scientology no sean tergiversadas, él además protegió con las marcas registradas muchas de las palabras y símbolos que identifican la religión de Scientology. Estos derechos de autor y marcas registradas proporcionan un mecanismo legal por medio del cual se pueda asegurar que las tecnologías religiosas de Scientology se entreguen de forma estándar, exactamente de acuerdo a las escrituras, y no sean alteradas por la apropiación indebida o el uso inapropiado.

A través de los años, personas sin escrúpulos han intentado, a través de una conducta deshonesta, sacar provecho de las tecnologías de Dianética y Scientology. Estos temas fueron desarrollados para la salvación espiritual, no para el enriquecimiento personal de alguien. A través de la posesión de las marcas registradas y de los derechos de autor de la religión, y asegurándose de su utilización apropiada, la Iglesia puede garantizar que tales actividades mal intencionadas nunca tendrán lugar.